Artículo de opinión: Universidad, Docencia, Crisis y Pandemia.
- movcreci
- Oct 3, 2021
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Updated: Oct 3, 2021
Por: Analys Milano Ortuñez
Docente Asistente – UNEFM
Representante Estadal en Falcón. VenTESOL
Miembro Global. Asociación Internacional TESOL
Miembro Global. CICATEC

Para nadie es un secreto el declive que se vive en el sector universitario en todo el país, Venezuela no solo ostenta los sueldos más bajos de la región latinoamericana sino la eliminación de los beneficios contractuales que por años se pelearon, no existe un sistema de seguro que soporte cualquier tipo de necesidad en cuanto salud que pueda tener un docente o su familiar, el servicio funerario siempre termina siendo asumido por contratos a terceros y los pocos beneficios que persisten parecen una burla. Y esto es solo la visión de una docente, si hablásemos de los estudiantes, los administrativos y obreros, profundizaríamos en un iceberg que parece no tener fin.
Inicio con un panorama oscuro, porque ésta es la realidad a la que los profesores universitarios nos enfrentábamos día a día al asistir a nuestros lugares de trabajo, realidad que sufrió gran golpe con la pandemia del covid-19. Ahora se suma que debemos enseñar a distancia, usar los medios “disponibles”, “accesibles”, “adecuados”, “innovadores” para que el proceso educativo no se detenga, motivar al estudiante a que continúe con su carrera universitaria a pesar de los desfases, implementar estrategias de inclusión que garanticen que nadie quede fuera, todo esto por el mismo sueldo devaluado y sin los beneficios o motivaciones que merecemos los docentes quienes recibimos la mayor carga en estos tiempos.
Ante estos aspectos podría pensarse que la desmotivación ha reinado, que simplemente deberíamos rendirnos antes las circunstancias que parecen ir en contra y con fuerza para detenernos pero la realidad es que con la misma fuerza que muchos estamos siendo golpeados, así mismo estamos respondiendo ante las dificultades, y es que la mayor cualidad del venezolano es esa, la resiliencia. Los docentes universitarios somos un frente de batalla principal en la creación de ciudadanos, somos nosotros quienes podemos impulsar el cambio con la educación, la guía y el modelo para aquellos que se forman para el mañana; desistir nosotros es entregar el futuro de Venezuela a la desidia, la corrupción, el facilismo y al conformismo.
Siempre le digo a mis estudiantes “Mi trabajo es enseñarle inglés instrumental, mi propósito es sacarle el rancho de la cabeza y demostrarles que podemos hacer más”, ellos se ríen e incluso me preguntan “¿Cómo sabe usted que tengo un rancho en la cabeza?”. A partir de esas preguntas, empiezo a construir el ser, si estamos formando futuros profesionales deberíamos saber lo que el perfil de esa persona requiere al culminar, si seguimos enfocándonos en conocimiento solamente, el pensamiento crítico, la sensibilidad, la resolución de problemas, la convicción y los creadores del cambio terminaran siendo profesionales que siguen la cultura mancillada de una Venezuela en Crisis.
Cada vez que me preguntan “¿Por qué sigues en la universidad? ¿Por qué no te fuiste del país? ¿Por qué te esfuerzas tanto si vas a recibir tan poco?” termino haciendo una autoevaluación de lo que soy y hago, para muchos parece de loco atender más de 300 estudiantes vía whatsapp, tener que madrugar para aprovechar la señal, recibir mensajes durante todo el día (ellos saben que no estoy obligada a responder de inmediato, pero no les quito la oportunidad de preguntar en la hora que ellos tienen señal), buscar los medios para digitalizar mis materiales y crear nuevos que sean amigables en cuanto a tamaño, ni mencionar usar parte de mi salario para mantener mi teléfono activo porque no cuento con internet en casa. Todo eso oscurece el panorama pero la verdad es que no puedo desaprovechar la plataforma que me permite impactar la vida de 300 personas, es un puente que abrirá un camino más tarde, seguramente es una semilla que dará fruto a su tiempo, mi respuesta franca es “Tal vez la universidad como institución no responde como espero, ni el ministerio de educación universitaria me sustenta como lo establece la ley pero soy yo misma quien le pone valor a lo que enseño”.
No todos están obligados a pensar como yo, y tienen también la oportunidad de criticar mi pensamiento, no me conformo con mi realidad sino que trabajo en pro de crear pequeñas acciones que desencadenen grandes cambios en mi país. Como docente me aboco a seguir aprendiendo las mejores prácticas, sigo buscando la mejor manera de innovar con pocos recursos, investigo mi realidad y propongo soluciones que están a mi alcance, justo como lo presenta Edward Lawrence, incluso el aleteo de una mariposa puede causar un tornado. Si los docentes universitarios que estamos comprometidos con el futuro de nuestra nación seguimos aleteando poco pero constante, ya pronto vendrá el sol naciente en nuestro país. Mientras tanto, seguimos en la lucha por lo que merecemos, por los beneficios que aseguren una vida digna, por los recursos tecnológicos que nos permitan ponernos a la par con la región latinoamericana y el mundo.
De la universidad, la docencia, la crisis y la pandemia hay mucho que decir, mucho en lo que reflexionar y muchas historias que contar, de los que están pero se limitaron, de los que se fueron, de los que se rindieron, de los que los fueron amedrentados, de los que siguieron a pesar de todo, de los que se vieron obligados a cambiar su sueño. De todos ellos estamos obligados a aprender sino seremos propensos a repetir la historia.




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